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FORMULO HIPÓTESIS, NO SALVO PLANETAS

Una puerta blanca en una pared empapelada en tonos blancos y negros con motivos similares a ramas ornamentales. Lavista semeja un ojo que deja en penumbra el resto de la habitación.
Imagen libre de derechos de Arec Socha en Pixabay.

«Después de una catástrofe mundial, la Tierra está desolada. Según todos los indicios, eres la última persona viva en el mundo. Estás encerrado en tu casa, dentro de tu habitación, cansado de vagar solo por parajes desiertos, pensando con desesperanza en tu futuro. En ese momento, unos golpes llaman a la puerta…»

La serie de golpes se repitieron, al menos, dos veces más. Mi primera reacción fue salir disparado. De pronto, sin venir a cuento, me detuve en mitad del salón. ¿quién tocaría a mi puerta? Durante las últimas setenta y dos horas no me topé con una sola alma. Ni animales encontré durante mis excursiones. Un mal presagio se me alojó en la boca del estómago. ¿Y si mis predicciones habían sido ciertas? Si tan solo me hubiesen escuchado en lugar de tomarme como un científico desquiciado. Era tan evidente que semejante catástrofe no tenía nada de natural. Deseché la idea de seguir rumiando. Ya tendría tiempo de formular más hipótesis.

Caminé de puntillas. Pegué la oreja de la puerta. No percibí nada. Otra serie de golpes, ahora más apremiantes, me sobresaltaron. Di un bote y me aparté. Las manos me temblaban y el pulso se me disparó. La curiosidad pudo mucho más que mi sentido común; así pues, me incliné para asomarme por la mirilla. Lo que vi me dejó patidifuso algunos segundos. Exhalé el aire que había mantenido en los pulmones.

Me froté la cara, los ojos, las sienes. Volví a asomarme. El rostro que aguardaba del otro lado de la puerta perdía la impasividad a cada segundo. Las hipótesis que había formulado año tras año se agolparon dentro de mi cabeza. el zumbido de mis pensamientos me aisló durante una fracción de segundos.

—Abra la puerta. Sé que está allí. Contaré hasta diez y si no obedece, la desintegraré.

Me estremecí. Ni por asomo puse en duda la aseveración, así que cogí el picaporte y abrí.

Los ojos de dobles pupilas verticales entornaron los párpados. La fiera expresión me mantuvo de pie sin parpadear. Di un paso atrás en el instante en que la criatura, por denominarla de alguna manera, entró.

—¿Mikel Saldívar? —Cabeceé una vez con infinita lentitud—. Acompáñeme.

Una voz indefinida habló en una lengua que no había escuchado antes. Si no estaba equivocado, provenía de detrás de la criatura. La vi volverse. Emitió palabras en esa misma lengua. De pronto, una figura enorme apareció junto a mi visitante inesperado o debería decir, inesperada. Con ambas criaturas delante de mí no era difícil identificar que uno era macho y la otra hembra, aunque llevaban el mismo tipo de traje. Supongo que, en deferencia a tenerme delante, el macho habló en un español fluido.

—¿Por qué tardas tanto? El comandante está pidiendo muchas explicaciones.

—Recién abrió la maldita puerta.

—¿Y qué más te da? La hubieses desintegrado. Mejor una puerta menos que los tímpanos perforados.

—Deja que ya aplaco yo al comandante. Ocúpate del humano. No me fío ni un pelo.

—Ejem, si no os importa, sigo aquí.

El gigante se dignó a mirarme.

—Como si fuese posible ignorar tu presencia. Esa peste que desprendes se huele a kilómetros.

Me olisqueé y arrugué la nariz. No me pareció que el tufillo que desprendían mis axilas fuese para tanto. En todo caso, tampoco era culpa mía. Mosqueado por su desdén solté la lengua.

—No fui yo quien atacó la tierra a saber con qué mierda, ¿no? No hay electricidad ni agua. ¿Cómo pretendéis que mantenga la mínima higiene? Os lo hubieseis pensado antes si es que sois tan tiquismiquis con vuestro sentido del olfato.

La hembra se me quedó mirando boquiabierta. El macho dio un paso hacia mí. Me di por muerto. Esas pupilas dobles se contraían a un ritmo demasiado inquietante. Tragué saliva y me preparé para el golpe de gracia. La hembra habló en su lengua nativa. El sujeto se detuvo a dos pasos de mí.

—Prepararé la nave, ocúpate tú antes de que pierda la paciencia y lo descabece.

Exhalé el aire en cuanto lo vi perderse de vista.

—Mikel Saldívar, será mejor que de aquí en adelante cierres la boca. Pensar en voz alta va a meterte en muchos problemas y a nosotros también. Y a mi compañero no le gustan los problemas.

«como si a mí me gustasen». Descarté el hilo de mis pensamientos en cuanto distinguí esa mirada que te deja clarísimo: «sé lo que estás pensando, cabrón». Inspiré hondo antes de hablar.

—Doy por sentado que fuisteis vosotros quienes arrasasteis con la humanidad. ¿Puedo preguntaros de dónde venís?

—Ya lo verás —dijo y me hizo señas para que extendiese los brazos al frente—. Respecto de vosotros, te equivocas. No fue un exterminio. Solo hicimos algo de limpieza. Los mejores especímenes seguís con vida.

—¿Y me lo dices así tan… tranquila? —Extendí los brazos—. Si no quisiera acompañaros qué…

—Tendría que exterminarte y no creo que eso te guste mucho. Pareces inteligente.

—Para lo que ha servido mi dichosa inteligencia —rezongué.

—Sigues con vida por eso, entre otras cosas.

Ella me ajustó unos aros en las muñecas. La energía que me recorrió alcanzó mi cerebro. La descarga me produjo un hormigueo en las extremidades. Reprimí la risa que pugnaba por escapárseme de los labios. Siempre fui muy cosquilludo. Claro, ella no tenía por qué saberlo.

—Andando, hemos perdido mucho tiempo y todavía tenemos que realizar un centenar de paradas más.

Ladeé la cabeza. la criatura se volvió despacio. Me rasqué la nariz y a ella casi se le desorbitan los globos oculares. Me fijé en el pequeño mando ovalado que extrajo de uno de los bolsillos de ese curioso traje. El hormigueo se intensificó y me estremecí. Las cosquillas me harían estallar en carcajadas en cualquier momento. Apreté los labios en una delgada línea. ella pulsó de nuevo ese botón. Di un respingo y cambié el peso de un pie a otro. Era como esa danza que te obligas a realizar mientras reprimes las ganas de echar una buena meada.

—No me lo tomes a mal —dije risueño—. Pero como sigas haciendo lo que sea que haces, no podré contenerme más y a tu colega no creo que le haga puta gracia que me ría o que me termine meando encima. Se ve que eso de los olores… ya sabes.

Soltó una sarta de palabrejas de esas suyas. El hormigueo cesó del todo y suspiré.

—Mikel Saldívar, haz el favor de seguirme la corriente. —La seriedad con la que me habló me puso en alerta—. Si de verdad quieres continuar de una pieza, ni se te ocurra revelar que eres inmune al control neuronal. ¿Me entendiste? —moví la cabeza de arriba abajo en un leve asentimiento.

—No es nada bueno que pueda hacer esto, ¿verdad? —susurré.

Ella apenas negó con la cabeza y se apartó para dejarme pasar. La palidez del rostro púrpura me puso la piel de gallina.

Salimos del edificio. La nave que aguardaba estacionada en el pavimento como si fuese un coche más parecía un vibrador tamaño extra grande. Omití cualquier comentario verbal y me esforcé en anular cada pensamiento al respecto. Me había quedado claro que, dentro de sus múltiples habilidades, leer la mente humana era de las más básicas.

El panel lateral se deslizó. De inmediato una escalerilla se desplegó. Seis yemas se me clavaron en la espalda. El empujón fue leve, pero firme.

—No me has dicho cómo te llamas —dije y puse el pie izquierdo en el primer escalón.

—¿Tiene importancia?

—Para mí sí. —Me volví al no obtener respuesta.

La expresión de su rostro me produjo un hondo desasosiego. No pude evitar preguntarme qué clase de trato recibiría entre su gente.

—No te gustaría saberlo —susurró.

No sé por qué motivo; no es que ella hubiese sido la más amigable; aun así, el tono en sus palabras me provocó unas ganas inmensas de abrazarla. Un gruñido rompió el instante. Retomé el ascenso. Tras abordar la nave y ubicarnos en los asientos se inclinó hacia mí. Evité moverme. Sin certezas respecto de cuál era su implicación en la catástrofe preferí actuar con cautela.

—Me llamo Serya —susurró.

Nuestras miradas coincidieron apenas un instante. La nave despegó. No volvimos a entablar contacto visual. No obstante, mientras abandonaba la tierra con rumbo desconocido, no dejaba de darle vueltas al cambio en mi captora. Quizá tendría una oportunidad si contaba con ella como aliada, aunque antes de pensar en salvar el planeta, tenía que salvarme primero.

Esta historia fue escrita para participar en el #VaderetoJulio2021 propuesto por Jose A. Sánchez en su web. La premisa, continuar una historia teniendo en cuenta el fragmento propuesto, cita del relato «Llamada» del escritor Fredric Brown. Espero lo disfrutéis.

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Por Lehna Valduciel

Amante de los libros, aprendiz de la vida. La escritura es mi motivación, el buen café mi pequeña debilidad. Escribo historias y cuento sentimientos. Vivo la vida a vuelaplumas y adoro los detalles que despiertan mi curiosidad.
Escritora, bruja adorable y devoralibros.

6 respuestas a “FORMULO HIPÓTESIS, NO SALVO PLANETAS”

Hola Lehna
Vaya historia que te has sacado de la manga. Buen ritmo, intriga, suspense y un toque de humor aunque la ET se llame Serya. jajaja.
Abrazos.

Querida Virtudes. Qué ilusión leerte. Me alegra mucho si te gustó la historia y sí, el nombre de Serya se me ocurrió de pronto. Fue de esos chispazos que surgen y te ayudan a cerrar lo que quieres transmitir. ¡Un abrazo!

Muy bueno, Lehna.
Con ese humor sarcástico y guasón que tanto me gusta.
Has optado también por la solución extraterrestre, aunque muy diferente a Fredic, y nos has dejado con la miel en los labios.
¿Y ahora qué? ¿Qué va a ser de ese muchacho perfumoso y miedoso humano? ¿Vas a dejar que nuestra imaginación vuele buscando la solución? ¿Esperarás al siguiente VadeReto para engarzar las historias? ¿Te vas a lanzar a escribir la novela completa?
Quésquesé será será…
Felicidades por el relato y muchas gracias por tu siempre maravillosa aportación al reto acervolense.
Un abrazo.

Querido Jose. Gracias a ti por ofrecerme cada mes una oportunidad genialísima de crear historias. Todavía no sé si continuaré o no, la verdad. Me apetece descubrir qué pasará con Mikel, pero veremos qué depara doña imaginación. Gracias por pasarte por aquí, por leer y por tanto. Un abrazo grandote.

Muy buen relato, me gustó el ritmo e incluso el toque de humor, que se agradece. Me parece que podrías continuarlo. Saludos!

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