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Cazador de thentraes

Klíon es un joven que anhela convertirse en cazador. Lo que nunca imaginó es cómo llegaría a serlo.

Un castillo imponente en una cima. al lado se observa otra edificación más pequeña. Hay algunos árboles y un hombre que porta un gran arco en las manos. el arco va apuntando hacia el suelo como si estuviese colocando la flecha y preparándolo para disparar. Hay mucha niebla en los alrededores. el cielo también está nuboso, aunque en lo alto se observa la luna.
Imagen libre de derechos de Shrikesh Kumar en Pixabay

«Al fin llegué a los pies de aquella impresionante y antiquísima deidad. Su anchura me limitaba todo el horizonte y se elevaba de forma tan indefinida que parecía perderse más allá del firmamento.

El silencio era tan intenso que dañaba a los sentidos. Solo mi corazón se empeñaba en querer quebrantarlo. La quietud era tan profunda que ni la más tenue brisa se atrevía a perturbarla.

Con un hondo suspiro hinqué mi rodilla ante ella. Agaché la cabeza y le dediqué la plegaria que desde pequeño me habían inculcado. Deposité mi carga en el suelo y le agradecí su protección y vitalidad para la consecución de mi misión.

Me fui dejando tras de mí el pesadísimo lastre que me había encadenado durante tanto tiempo y sentí ganas de salir volando.

Allí quedaron solos, como en un encantamiento, los espíritus ancestrales y su cadáver.

…»

***

Entorno los párpados. La luz me ciega una fracción de segundos. Tomo una bocanada que expande mis pulmones a su máxima capacidad. Tenso todo mi cuerpo y fijo la mirada. En segundos el cuchillo se clava en el blanco. Me encamino a recogerlo. La satisfacción que me había hormigueado en el pecho se esfuma. El tiro no fue como esperaba. Arranco el cuchillo. Vuelvo a mi posición inicial. No me iré hasta que no logre un lanzamiento perfecto.

—¡Ahí estás! —Maxtra se aproxima a la carrera.

—¿Qué ha ocurrido? —enfundo el cuchillo.

—Han llegado los mecenas… Padre te está buscando.

—Padre es un iluso, Maxtra. Ningún mecenas apostará por el hijo adolescente y bastardo del señor de Nirtea.

—Eso no lo sabes, Klíon. —La fe que deposita en mí me enternece—. Además, en dos días cumplirás veintiuno.

—Eso es lo de menos. Siempre seré el bastardo de Menleoth.

—Estás insoportable —me dice—. Tú sabrás. Yo he cumplido con el encargo de padre. Luego no te quejes.

Un estruendo interrumpe nuestra discusión. Maxtra corre en dirección al castillo. La sigo de cerca. Desenvaino el cuchillo y le exijo a mis piernas que vuelen. Otro estruendo nos asusta lo suficiente como para dejarnos el alma en el camino. Los recuerdos del último ataque se reavivan en mi cabeza. El corazón me da un vuelco. El temor de lo que encontraremos tras la muralla me revuelve el estómago.

Enormes columnas se elevan hacia el firmamento. Dentro de mi cabeza las imágenes se suceden una tras otra. Los ojos se me nublan un instante. «Maldita visión.» El pensamiento surge y se esfuma tan pronto que no tengo tiempo de reaccionar. Avanzo a ciegas mientras los recuerdos me roban el aliento. Han regresado por Maxtra, lo sé. Vuelvo a maldecir mi inutilidad. Desesperado, elevo una plegaria silenciosa. «Mi vida a tu servicio si salvas a mi hermana. Escucha mi súplica, señora de la vida y de la muerte. Liberaré tu reino de los thentraes… lo juro. Y si acaso incumpliese mi juramento, te entregaré mi corazón como trofeo.»

El suelo ondula bajo mis pies. Tropiezo y ruedo sobre cientos de raíces que terminan de clavárseme en la piel. Abro la boca. La voz se me queda estrangulada en la garganta. El aire se torna gélido. El aroma metálico se mezcla con el olor acre del humo que se disipa. Mi cuerpo no responde. Las ramas y raíces me envuelven… en breve todo habrá terminado, lo presiento. Una voz sugestiva me invita a rendirme. Demandante me recuerda el juramento que acabo de hacer. Mi espíritu rebelde se niega a rendirse sin una certeza. El dolor me atraviesa y grito. Grito como un loco. La tierra sigue agitada. Un trueno retumba. Gotas filosas caen como aguijones y me recuerdan que si aún siento dolor es porque sigo aferrado a mi humanidad.

—Dejarás de ser Klíon el Bastardo —dice la voz—. Me honrarás con más ahínco tal como se te ha inculcado desde niño porque ahora serás mi hijo y como tal se te reconocerá.

—Maxtra… —insisto.

—Escucha su voz por última vez, hijo mío. Despídete de esta vida y abraza la que yo te otorgaré de ahora en adelante.

El pulso me galopa a un ritmo vertiginoso. El miedo que me mantiene paralizado da paso a la resignación con demasiada lentitud. La incertidumbre llega tardía. Me habría encantado recibirla mucho antes; quizá me hubiera persuadido. Voces se elevan a mi alrededor. Entre ellas esa que espero para poder morir en paz. Porque moriré para renacer convertido en una criatura muy diferente. Deambularé entre el mundo de los vivos y los muertos. Cazaré en la penumbra; la noche será mi guía, la luna mi compañera.

—Klíon… ¡Klíon!

El aroma fresco a flores silvestres me envuelve. Su mano tierna me limpia el rostro. No abro los ojos, no tiene sentido. De todas formas, llevaré conmigo su sonrisa en lo más profundo de mi memoria.

—Cuida de padre —le pido—. Y, sobre todo, cuídate tú.

—¿Por qué lo hiciste, Klíon? ¿Cómo voy a seguir sin ti?

—Por ti.

El llanto desgarrador que se le escapa me parte en dos el corazón. Por fin me entrego, ya nada me retiene. Me despido de mi vida y de todo lo que he sido hasta ese instante.

***

Avanzo sigiloso pese a la excitación que me recorre de pies a cabeza. Han sido demasiados siglos al servicio de la gran diosa. Hoy por fin podré dar por terminada esta existencia. La anticipación me acelera el pulso. No obstante, me obligo a mantener la serenidad. La luz de la luna platina cada superficie. El firmamento tachonado de diamantes espectrales me señala la senda. A poca distancia distingo la oscura figura. No necesito más. Acorto la distancia que nos separa; no quiero perderlo de nuevo.

Descubre mi presencia. No le doy importancia. Esta vez estoy mucho mejor preparado que la anterior. Da igual cuánto corra o quiera esconderse. La persecución dará el fruto que espero, nada me lo impedirá.

Me difumino con el entorno. El thentrae acelera el paso. Me desmaterializo para luego aparecer frente a sus narices. La criatura frena. El grito que brota de sus fauces me hiela la sangre. Me apresuro antes de que retome ventaja. Cojo una flecha del carcaj, la coloco en el arco, apunto y suelto la saeta.

La flecha se le clava en la garganta. El thentrae cae de rodillas. Cojo otra flecha y disparo. Esta se le clava en el pecho. Repito la operación tal como manda el ritual y por fin lo veo caer de bruces contra el suelo.


Esta historia ha sido escrita para participar en el Va de reto marzo 2021, propuesto por Jose A sánchez @JascNet.


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Gracias por estar allí, os abrazo muy grande y fuerte.

Por Lehna Valduciel

Amante de los libros, aprendiz de la vida. La escritura es mi motivación, el buen café mi pequeña debilidad. Escribo historias y cuento sentimientos. Vivo la vida a vuelaplumas y adoro los detalles que despiertan mi curiosidad.
Escritora, bruja adorable y devoralibros.

2 respuestas a “Cazador de thentraes”

¡Qué bueno, Lehna!
Te estás convirtiendo en una maravillosa creadora de fantasía épica.
Un relato lleno de tensión y emoción. ¡Yo diría que te da para novela!
Me quedo con ganas de saber más.
Felicidades y gracias, como siempre, por tu fabulosa participación a nuestro VadeReto.
Que viva la imaginación acervolense.
Besote.

¡Hola, Jose! Uy, qué bonito eso que me dices. digo lo de ser creadora de fantasía épica. Me alegra muchísimo si te ha gustado. No me había planteado lo de la novela, pero me lo apunto. Gracias, muchas gracias por pasarte por aquí y dejarme tu impresión sobre el relato. Te dejo muchos axuxones.

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